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35 años de la tragedia del Challenger: ¿quién fue el premio Nobel que descubrió el motivo de la explosión? | Internacional | Noticias


El 28 de enero del 2021 se cumplió 35 años de la tragedia del transbordador espacial Challenger, el mayor desastre del programa espacial estadounidense. Explotó 73 segundos después de su lanzamiento desde Cabo Cañaveral, acabando así con la vida de los siete tripulantes de la nave.

Con cada paso que da la humanidad hacia las estrellas, se recuerda el sacrificio de esas personas: Francis R. Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Judith Resnik, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe, quienes dieron su vida al espíritu de exploración e investigación científica.

Aunque los lanzamientos de transbordadores espaciales se habían convertido en una rutina en 1986, siendo el viaje número 25 de este tipo desde 1981, más estadounidenses de lo habitual estaban sintonizados esa mañana porque la tripulación incluía al primer astronauta civil, la “profesora en el espacio” Christa McAuliffe. Ella fue elegida entre más de 11.000 solicitantes. Su muerte hizo que el accidente del Challenger fuera aún más desgarrador y trágico emocionalmente.

La explosión se convirtió en uno de los eventos más importantes de la década de 1980, ya que cientos de millones de personas en todo el mundo vieron el accidente en la televisión.

Una de las primeras preguntas que surgieron ese terrible día fue cómo respondería el gobierno, y especialmente el presidente Ronald Reagan. De acuerdo al Wall Street Journal, ese día tenía programado el Discurso del Estado de la Unión, un evento anual que consiste en un informe que da el presidente de los Estados Unidos al Congreso sobre el estado del país, sin embargo, lo tuvo que posponer y preparó un discurso a la nación que llegaría especialmente a los profesores, padres y alumnos que habían visto el desastre en vivo por televisión en sus aulas.

Captura del discurso de Ronald Reagan sobre el accidente del transbordador espacial Challenger en enero del 1986.

Aquí Reagan se dirigió directamente a los miles de estudiantes que tuvieron que presenciar este accidente: “Quiero decirles algo a los estudiantes de Estados Unidos que estaban viendo la cobertura en vivo del despegue del transbordador. Sé que es difícil de entender, pero a veces suceden cosas dolorosas como esta. Todo es parte del proceso de exploración y descubrimiento. Todo es parte de arriesgarse y expandir los horizontes del hombre. El futuro no pertenece a los pusilánimes; pertenece a los valientes. La tripulación del Challenger nos estaba llevando hacia el futuro y continuaremos siguiendo esta ruta”.

“Siempre he tenido una gran fe y respeto por nuestro programa espacial, y lo que sucedió hoy no hace nada para disminuirlo. No ocultamos nuestro programa espacial. No guardamos secretos y encubrimos cosas. Lo hacemos todo al frente y en público. Así es la libertad, y no la cambiaríamos ni un minuto”, continuó.

Una semana después, Reagan anunciaría una comisión independiente de 12 miembros para investigar la causa de la explosión del transbordador espacial Challenger, reporta un artículo del archivo digital del New York Times.

La denominada “Comisión Rogers” incluyó a astronautas héroes nacionales como Neil Armstrong y Sally Ride, y al prolífico físico teórico y autor Richard Feynman, ganador del Premio Nobel de Física de 1965.

Junto con los otros miembros de la Comisión Rogers, Feynman ayudó a descubrir la falla técnica que condujo a la explosión, que resultó ser las juntas tóricas de goma colocadas en la junta de campo del propulsor sólido derecho del cohete del transbordador.

Las juntas tóricas fueron diseñadas para ser dinámicas y flexibles, de modo que cuando se lanzara el Challenger, crearan un sello en esta vulnerable articulación del cohete, evitando así que los gases calientes de ignición chispearan los tanques de combustible.

Fotografía de Richard P. Feynman. Foto: Wikimedia Commons

Pero debido a que la noche anterior en Cabo Cañaveral había sido inusualmente fría, las juntas tóricas se congelaron, perdiendo gran parte de su elasticidad. Feynman explicó esta falla con una taza de agua helada y una junta tórica de goma.

“Saqué este material de un sello, lo puse en agua helada, y descubrí que cuando lo presionas por un tiempo y luego lo deshaces, no se estira hacia atrás”, dijo. “Se mantiene en la misma dimensión. En otras palabras, durante unos segundos al menos y más segundos que eso, no hay resiliencia en este material en particular cuando está a una temperatura de 32 grados“.

Video de explicación de la Richard Feynman sobre la falla que ocasionó la tragedia del Challenger.

El científico no escatimó palabras. Expuso la gran diferencia en cómo los ingenieros calcularon los riesgos de seguridad en comparación con los métodos de la NASA, lo que hizo que los transbordadores parecieran 1.000 veces más seguros que las estimaciones verdaderas. Este error fue particularmente molesto para él, porque las probabilidades poco realistas y optimistas de la NASA eran las que se usaban para persuadir a astronautas civiles como la profesora Christa McAuliffe para que participaran en el vuelo.

“En cualquier caso, esto ha tenido consecuencias muy desafortunadas, la más grave de las cuales es alentar a los ciudadanos a volar en una máquina tan peligrosa, como si hubiera alcanzado la seguridad de un avión de pasajeros”, escribió Feynman, refiriéndose a los dos especialistas de la misión, un ingeniero y una maestra, capacitados específicamente para volar en esa única misión.

En el informe final, la perspectiva de Feynman apareció en un apéndice, con su famosa cita, “para una tecnología exitosa, la realidad debe tener prioridad sobre las relaciones públicas, porque la naturaleza no puede ser engañada“.

La evidencia más condenatoria que encontró la comisión fue que los ingenieros estaban al tanto del problema de las juntas tóricas, y los gerentes de la NASA habían desestimado sus advertencias o los habían reprendido por siquiera mencionarlas.

Según Forbes, los gerentes respondieron a la presión del cronograma y las consideraciones políticas de la Casa Blanca, e invalidaron a los ingenieros haciendo una recomendación técnica para no realizar el lanzamiento en clima frío.

La franqueza de Richard Feynman fue “un dolor de cabeza” para el presidente de la comisión, William Rogers, según Vice. Trató de persuadirlo a que bajara el tono de su crítica para proteger a la NASA de los recortes presupuestarios y la decepción pública, pero Feynman se negó a ceder y amenazó con renunciar a la comisión si no se incluía su informe.

La crítica completa de Feynman fue incluida en el informe final en el “Apéndice F”. Está disponible en inglés en el repositorio digital de la NASA. (I)



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