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Nada ha cambiado, a un año del Covid-19 – Noticias Locales, Policiacas, sobre México y el Mundo | El Sol de San Luis


  • Muchos de sus compañeros se resguardaron, ella sigue en la línea y ¡no se ha contagiado!
  • Hoy le dice a las nuevas generaciones que revalúen su vocación pues muchas enfermeras, no quieren ni inyectar a posibles pacientes de Covid-19
  • Hay coraje e impotencia porque, “la gente sigue saliendo como si fueran vacaciones, dicen es una reunión pequeña con 60 o 70 personas”

El 13 de marzo del 2020 fue el primer día en que las autoridades sanitarias del Comité Estatal para la Seguridad en Salud nos convocaron a la prensa al Centro de Convenciones de San Luis Potosí para anunciar la llegada del primer caso de Coronavirus al Estado, en ese entonces todo era incertidumbre e improvisación; con el paso del tiempo ya no sorprenden los contagios, los muertos, las hospitalizaciones, y también quedaron atrás los héroes anónimos del Covid-19.

Al principio de esta crisis sanitaria, la ciudadanía se solidarizaba al personal médico que denunciaba actos discriminatorios en los camiones de autobuses por atender la pandemia o porque no contaban con los más elementales utensilios para hacerle frente a esta epidemia. Sin embargo, con el paso del tiempo la insensibilidad se ha normalizado, pero uno los personajes de la comunidad sanitaria que se ha mantenido como un roble en ésta labor y que hoy cumple más de un año combatiendo a este virus, es Diana Carolina Esparza Jasso que a 9 años de ejercer la profesión, es una de las mujeres que busca mandar a la lona, al Coronavirus .

Actualmente labora en la clínica Carlos Diez Gutiérrez del ISSSTE, institución que se encuentra ubicada en esta capital potosina y que es la que este organismo sanitario designó para atención específica de está enfermedad.

A corta edad, entendió que su vocación era estudiar enfermería para servir a los demás y esta idea se afianzó cuando estudiaba enfermería en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, aunque en ese tiempo no se imaginaba que tendría que atravesar por esta circunstancia sanitaria.

A ella como a muchos, les tocó picar piedra y ella lo hizo, desde su pasantía que ofreció en la clínica 41 del Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, del municipio de Cerritos.

En el 2015, entró a laborar al ISSSTE, desde un inicio la mandaron al área de urgencias y nunca imaginó que le tocaría vivir esta crisis mundial “cuando la Organización Mundial de la Salud, OMS, nos dio la noticia de que esto era una pandemia desde finales de enero, nosotros teníamos incertidumbre y miedo, por el hecho de que el sistema de salud de nuestro país tiene muchas carencias y que realmente no sabíamos cómo íbamos a sobrellevarla”.

¿Y sí me muero?

Al percatarse de este fenómeno, el insomnio apareció, por dos semanas ella y sus compañeros se amanecían mensajeandose por el miedo a la enfermedad “en lo personal, llegó mi jefa y nos dijo ustedes están aquí y ustedes se quedan, recibimos los primeros casos, y en mi caso particular tenía más miedo, porque como no tengo base en el ISSSTE, soy suplente de los que trabajamos, pero que no tenemos derechos, no tengo ni seguridad social, yo decía y sí me enfermó, y en el peor de los casos y sí me muero, qué le voy a dejar a mi familia, dónde me voy a atender o a mi familia, no tenía el derecho de decir los voy a traer al ISSSTE, era mucho el miedo, pensaba mucho en mi familia y decía qué les voy a dejar”.

Recordó que a muchos de sus compañeros con plaza sindical, los enviaron a sus domicilios al considerarlos de riesgo, sin embargo, los que no contaban con derechos laborales se tuvieron que quedar ahí y siempre pensaba “qué va a ser de nosotros?”, sobre todo cuando no contaban con el adecuado equipo médico e incluso hubo un momento en que se quedaron sin especialistas que prefirieron resguardarse a trabajar frente a lo incierto.

“Muchos se fueron de resguardo por indicación y otros dijeron yo sí me voy a resguardar, no me voy a arriesgar, me doy de baja, renunció y otros muchos desafortunadamente se nos fueron y se fueron infectados por este virus”.

Una de las experiencias que le ha dejado huella dentro de ésta emergencia, fue el caso de un paciente que estaba muy grave la tomó de las manos y la apretó fuertemente para pedirle que no lo dejara sólo, porque presentía que ya se estaba muriendo “es muy feo, que tú los ves que entran caminando y ves el rostro de sus familiares que piensan que seguramente es la última vez que los vean con vida”.

A esta mujer dedicada a la salud, no le tembló la mano en ningún momento para participar en esta pandemia porque recuerda que cuando inició la Influenza en nuestro país, también las condiciones eran desconocidas, aunque con el Coronavirus ha sido totalmente diferente porque pueden llegar a morir “había problemas pero con esto es diferente porque te tienes que poner todo un equipo de protección para cuidar tus ojos, nariz, boca, hay que ponerse overol, uniforme, bata, botas, tres pares de guantes, lo que no se hacía con la influenza y era menos la letalidad que se tenía”.

Hoy le dice a las nuevas generaciones de enfermeras que revalúen su vocación pues se ha visto que muchas de ellas, en esta época, no quieren ni inyectar a posibles pacientes de covid “lo que me ha tocado ver es que creen que es cualquier cosa ser enfermera, dicen es que ya lo sé, ya lo vi; en esta carrera no se deja de aprender todos los días, ahora dicen, es que no me toca este paciente, le toca la compañera, estamos para atender y servir”.

Coraje e impotencia

Mucho del personal que se encuentra laborando actualmente, se encuentra dolido y cansado de conocer las actitudes de la ciudadanía que no entiende qué debe mantenerse a salvo, son muchos los casos que atienden cotidianamente “la gente sigue saliendo como si fueran vacaciones dicen es una reunión pequeña con 60 o 70 personas, no nos consta que todos se cuiden, esta cadena no se va a romper hasta que todos tomen las medidas sanitarias o hasta que en casa alguien llegue a faltar”.

Un mal día

En el área de hospitalización de Covid tienen capacidad para 26 camas y el área de urgencias está diseñada para 8 porque es una unidad pequeña, pero infortunadamente han tenido hasta 7 pacientes en espera de una cama en los pasillos, se tienen hasta 2 defunciones afuera esperando cama y oxígeno.

Nada ha cambiado

Aunque es una de las heroínas de la salud y a más de un año de exponer su vida por la de los derechohabientes, sigue sin contar con beneficios laborales “se nos dio un contrato por contingencia, el cual ya caducó, y ya se nos dijo que no se nos va a renovar y de hecho en Tamazunchale a 30 personas ya se les despidió y se les dio de baja, ahora en Valles se está atravesando por esta misma situación y la clínica de El naranjo ya se cerró por las condiciones qué hay ahí”.

Pareciera inverosímil, pero también les deben las quincenas desde el mes de diciembre, es un panorama similar para médicos y enfermeras, la pandemia no modificó nada de su situación laboral, esperaban los beneficios prometidos por el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador de basificarlos, además de los beneficios que se anunciaron desde el Insabi a quienes sobrellevaran la contingencia.

“Nosotros hemos estado trabajando en la pandemia y ni siquiera nos han dado vacaciones, ni días de descanso, los que si están basificados han podido gozar de estos beneficios”

Afortunadamente, ella no ha caído víctima del Covid-19, aunque muchos de sus compañeros si han padecido la enfermedad, y otros lamentablemente han fallecido.

El primero que le llegó

Son de estos pacientes que no se olvidan, así se expresa Diana Carolina Esparza Jasso, enfermera del área covid de la clínica Carlos diez Gutiérrez del ISSSTE, al hacer memoria de la primera atención que tuvo que ofrecer “son de esos pacientes que no olvidas, son los que te marcan, que son la prueba de fuego o te quedas o te vas, siempre hay pacientes que te enseñan un poco más que otros o se te marcan. Era una paciente que llegó del área de Santa María del Río “venía diagnosticada como positiva y teníamos que ver cómo entrar a la cápsula, cómo entrábamos en los trajes y el trabajo con nuestros compañeros. Era complicado porque era difícil manipular todo con tantos guantes, con la mascarilla, el uso de filtros especiales, lentes muy apretados. Me marcó la dificultad con la que llegó para respirar, la fiebre persistente, los cambios en sus pulmones, cuando ya teníamos la tomografía es lo que vamos aprendiendo todos los días y no es de olvidarse”.



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